martes, 22 de agosto de 2017

La era de los Antibioticos: Del Optimismo a la Desilusión, 2ª y última parte


Medio hospitalario
   El empleo de los antibióticos puede generar tantas enfermedades, que se plantean serias dudas en cuanto a los beneficios de su utilización masiva e indiscriminada. Por ahora, debemos considerar los antibióticos como fármacos de uso restrictivo en el medio hospitalario y útiles ante un número concreto de infecciones. Su consumo masivo y sin realizar un antibiograma antes de su administración en el medio ambulatorio, únicamente sirve para contaminar más las aguas, la tierra, los vegetales y los animales.
Terapia de las infecciones
  En la actualidad, la mayor parte de las infecciones que se presentan en la población española precisan tan sólo un tratamiento ambulatorio. Se trata de infecciones benignas de diferentes tipos, bacterianas, virales (provocadas por hongos), de las vías respiratorias (sinusitis, bronquitis, neumonía, gripe...), urinarias bajas, digestivas (diarreas estivales y gripe estomacal), genitales (uretritis, vaginitis, bartholinitis), cutáneas (erupciones) y sanguíneas (mononucleosis).
   Generalmente se manifiestan con inflamación y fiebre, mecanismos propios de la infección ante los que es importante cuidar nuestro cuerpo a base de tratamientos de Fitoterapia y/o homeopatía, descanso, ayuno, hidroterapia, dieta hipocalórica y la correcta ventilación, humidificación e insolación de los espacios.
   Pero además, es importante no utilizar fármacos ni supresores de la fiebre, de la inflamación ni de los microorganismos..
Motivos por los que no son efectivos
Las causas del fracaso del tratamiento con antibióticos se dan en relación a...
> La enfermedad
- Antibiótico inadecuado para la infección
- Falta de tratamiento coadyuvante
- Foco de infección oculto o inaccesible
> El enfermo
- Respuestas inmunes alteradas
- Defecto anatómico
- Presencia de cuerpo extraño
> El fármaco
- Falta de cumplimiento
- Posología inadecuada
- Difusión insuficiente al lugar de infección
- Interacción medicamentosa nociva
- Producto no adecuado o deteriorado por mala conservación
> El microorganismo
- Resistencia al antibiótico
- Sobreinfección por bacterias resistentes.
TRATAMIENTO CON ANTIBIÓTICOS: Causas del fracaso
1 Resistencia bacteriana
  
Este tipo de resistencia consiste en generar suficientes cambios en la bacteria para que ésta neutralice y desactive el antibiótico en cuestión.
> Según el estudio SAUCE (Sensibilidad a los Antimicrobianos Usados en la Comunidad en España), la resistencia media del neumococo a la penicilina en el año 1973 era cero, mientras que en el año 1998 oscilaba entre el 36% y 50%.
> Otro tanto sucede con el meningococo, que en el periodo 1987-1992 ha pasado del 26% al 43%. Esta situación es extensible a otros microbios (meningococo, enterococos, micobacterias, estreptococos, la E.CoIi
, el Aspergillus, la Candida...).
> Por si fuera poco, los gérmenes pueden volverse resistentes a antibióticos con los que nunca se habían topado. Por ejemplo, en mujeres tratadas con tetraciclínas para una infección urinaria, la bacteria E.CoIi se hizo resistente a ese fármaco, pero también a otros antibióticos.
> Otro germen a destacar es el estafilococo áureo, responsable de ciertas pulmonías y de infecciones postquirúrgicas, ya que un 40% resiste a casi todos los antibióticos.
> Y últimamente se ha emprendido una cruzada contra el Helicobacter pylori, posible causante de la úlcera de estómago. Sectores de la medicina alopática han creído encontrar la solución a dicha enfermedad utilizando una terapia con antibióticos. Sin embargo, otros sectores médicos consideran que este microorganismo es muy beneficioso e incluso protector de la flora digestiva.
La transmisión de las resistencias
  
Los países industrializados son responsables del 25% de la producción cárnica mundial. En ellos, la utilización masiva de antibióticos puede ser el origen del rápido aumento de las resistencias que se dan en la cadena de los alimentos.
> El Instituto Robert Koch de Alemania, tras años de observaciones, analizó en 1998 la transmisión de resistencias entre animales y seres humanos, La conclusión fue que los gérmenes frecuentes en los animales (sqlmonella, campyloba cter, enterococos, E.CoIi, etc.) podían transmitir sus resistencias a los seres humanos a través de la ingesta de las carne,
huevos y derivados de la leche.
2 Uso indiscriminado y agresividad bacteriana
   Otro tipo de respuesta adaptativa habitual es la fabricación, por parte de los microbios, de sustancias con gran capacidad tóxica para el organismo, denominadas endotoxínas, que dan mayor agresividad al germen. De hecho, es como si la bacteria, al repeler el ataque, contraatacase todavía con mayor potencia, generando moléculas de alta toxicidad que se extienden a lo largo de la circulación sanguínea, en un proceso de metastización que se conoce con el nombre de septicemia.
3 Priones y “vacas locas”
   Los priones son la respuesta adaptativa de los microbios, descubierta por el premio Nobel Stanley Prusiner en el año 1996, ante el fenómeno socio-económico desatado por el mal de las ‘vacas locas”, de actualidad en nuestro día a día. Esta enfermedad, descrita a partir de las lesiones y alteraciones neurológicas que se han observado en el ganado vacuno, puede aparecer en personas operadas y transplantadas, independientemente del consumo de productos animales.
   También se ha descrito la muerte por dicha enfermedad de colectivos tratados con la hormona de crecimiento procedente de animales ya enfermos. Se transmite del animal al ser humano a través de la carne, la leche y sus derivados, los embutidos, los huevos y el queso.
   El prión es una proteína de la célula animal, alterada a partir de un gen enviado por las bacterias. Este tipo de respuesta corresponde al intercambio genético que realizan los microbios con las células animales.
¡Cuidado!
La información mínima que hay que pedir al especialista ante la prescripción de un antibiótico es la siguiente:
> Modo de administración
Dosis, horario (intervalo entre dosis) y duración del tratamiento.
> Conservación y preparado
  
Condiciones de almacenamiento, caducidad una vez abierto, necesidad de agitar la suspensión, etc.
> Incidencia en la enfermedad
  
Síntomas a modificar, tiempo aproximado de mejoría, consecuencias potenciales por falta de cumplimiento, efectos favorables y directrices a seguir si no se presentan.
> Posibles problemas
  
Efectos adversos e instrucciones para estos casos, riesgos y precauciones a adoptar en caso de asociación con otros fármacos.
Fuente: JANO, Medicina y Humanidades, Volumen LV. N°1270.
2-8 octubre 1998.

lunes, 21 de agosto de 2017

La Era de los Antibioticos: Del Optimismo a la Desilusión, 1ª parte


Existen en el mercado más de un centenar de agentes antimicrobianos que se utilizan tanto en veterinaria como en medicina.                                                                                             Actualmente, la prescripción de antibióticos en España es ambulatoria y se realiza a través de farmacias, clínicas veterinarias y tiendas de alimentación animal.
Un viaje por la historia
> Con la llegada del siglo XX tuvieron lugar los primeros pasos en la lucha antibacteriana, el premio Nobel Paul Ehrlich y su colaborador Sahachiro descubrieron en 1909 una sustancia integrada por compuestos de arsénico, denominada Neosalvarsan. Este fármaco tendría un papel decisivo en el tratamiento de la sífilis,
>
Pocos años más tarde, en febrero de 1935, el químico Gerhard Domagk introdujo una terapia química que impedía la reproducción de las bacterias y publicó un trabajo experimental sobre el tratamiento de la infección intestinal grave en ratones, lo que supuso el principio de la era de las sulfamidas.
> En 1929, el médico Alexander Fleming 1881-1955) descubrió el efecto destructor de las bacterias del hongo Penicillium notatum. Aunque el mundo científico no lo tomó en consideración, el resultado fue extraordinario en la aplicación sobre heridas y en las infecciones graves, Los primeros beneficiarios de este antibiótico fueron los heridos y enfermos de la II Guerra Mundial, pues la penicilina llegó por primera vez a Europa en 1945, tras finalizar el conflicto bélico.
>
En la década de los 50, ante la ineficacia de la penicilina en la tuberculosis, se inició la generación de los tuberculostáticos a base de la estreptomicina. También se remonta a la década de los 50 la utilización de los antibióticos en animales, para combatir las infecciones en las granjas y por la necesidad de acelerar el crecimiento del ganado. Ya en los años 60 apareció una nueva ola de antibióticos destinados a combatir ciertos procesos tumorales; se trató de derivados del streptomices, denominados antibióticos antitumorales.                                                                                       
> Desde hace veinte años, el 30% de los medicamentos consumidos son antibióticos. Las resistencias bacterianas generadas durante estas décadas de utilización masiva han crecido de manera notable, pasando del 30% al 50%, y convirtiéndose, en muchos casos, en intratables.                                                                                                                              
> Los primeros casos de efectos secundarios de los antibióticos se observaron ya en los inicios de su aplicación. Muchas de las reacciones alérgicas, disminuciones de la respuesta inmunitaria y alteraciones de la sangre son una pequeña muestra de las enfermedades causadas por su uso descontrolado.
>- En los países industrializados casi todos los ciudadanos han sido tratados alguna vez con antimicrobianos, que en conjunto representan el primer grupo de fármacos en cuanto a ventas.
   Nuestro país registra anualmente el mayor consumo de antibióticos por habitante de la Comunidad Europea, alrededor de una caja por persona. Esto provoca que año tras año aumenten las enfermedades e intoxicaciones alimentarías producidas por su uso (y abuso) y que se registre un incremento de los costes terapéuticos y de las resistencias bacterianas.
Tipos de antibióticos
   A lo largo de los 60 años de era antimicrobiana, un total de 18 grupos diferentes de antibióticos (antifúngicos, antivirales, penicilina, sulfamidas...) se han puesto a disposición de la prescripción médica, farmacéutica, veterinaria y alimentaría.
   En la década de los 80, Gran Bretaña elaboró un plan de política antibiótica que sirvió para establecer una serie de criterios para el uso facultativo de los diferentes grupos de antimicrobianos. En la actualidad, se emplean en veterinaria y en medicina alopática con finalidad preventiva, terapéutica, estabilizadora, aditiva y transgénica.
Sus usos más comunes
> Prevención: Como método preventivo, se estableció que los antibióticos se podrían utilizar de manera selectiva, no masiva y sin muchas garantías de eficacia, para disminuir la transmisión de ciertas infecciones como la tuberculosis, la meningitis bacteriana y la endocarditis infecciosa.
> Eficacia terapéutica: Terapéuticamente, se emplearían para tratar algunas de las infecciones más habituales. Desde el inicio de la era antimicrobiana, se supo que se trataba de unos fármacos con gran capacidad de actuación y eficacia en situaciones infecciosas graves provocadas por bacterias y hongos:
heridas abiertas, intervenciones quirúrgicas, septicemias (infecciones en la sangre), complicaciones viscerales, infecciones propias del contacto sexual (gonorreas y sífilis), así como la tuberculosis.
   Sin embargo, su ineficacia es total ante infecciones virales, infecciones provocadas por prótesis (valvulares y articulares) y en las causadas por protozoos, legionelas, Aspergillus y micobacterias atípicas.
   Algunos especialistas en enfermedades infecciosas han afirmado que infecciones como la sinusitis y la fiebre reumática evolucionan peor si se tratan con antibióticos.
> Crecimiento del ganado: Algunos antibióticos se usan como aditivos para acelerar el crecimiento del ganado. Se trata de aditivos alimentarios permitidos y autorizados que actúan como factores de crecimiento, suprimiendo el metabolismo de la flora intestinal de los animales, por lo que éstos consumen menos nutrientes y ganan peso. El principal inconveniente es el traspaso de estas sustancias a la leche de los animales.
> Antibióticos tóxicos y vacunas: En el proceso de fabricación y preservación de las vacunas se emplean antibióticos como estabilizadores, para una conservación óptima.
   Los antibióticos más usados en la actualidad como vacunas son la kanamicina, la nistatina, la estreptomicina y la neomicina, aunque su utilización no está muy recomendada. Se encuentran, por ejemplo, en las vacunas de la polio, la rubéola y la varicela.
> Transgénicos: Transgénicamente, los antibióticos se utilizan acompañando al vector que introduce la información genética en la fabricación del maíz transgénico.
   Actualmente, el antibiótico más usado en este proceso de ingeniería genética es la ampicilina.
La acción de los antibióticos
   En la actualidad, la utilización masiva de los antibióticos está planteando serios problemas a nuestra sociedad. Tradicionalmente estos fármacos fueron valorados por ser sustancias extraídas de hongos vivos, que posteriormente pasaron a elaborarse de manera sintética en los laboratorios.
   Recientemente, se ha descubierto la producción de antimicrobianos por el propio organismo (a través de las poblaciones microbianas que habitan en nosotros) y las potentes acciones antibióticas de algunas plantas y alimentos.
   En un principio se observó que su eficacia radicaba en la capacidad de interferir con las reacciones vitales de los microbios, provocando la detención de su desarrollo (acción bacteriostática) o su muerte (acción bactericida).
   Con estos conocimientos, durante décadas se vivió una gran euforia terapéutica, que llevo a ciertos sectores de la investigación a afirmar que la guerra contra los microbios había sido ganada. Incluso hubo quien pensó definitivamente en un mundo sin microorganismos. Pero tras la aplicación indiscriminada de estos remedios, los microbios fueron creando progresivamente sus propios mecanismos de adaptación ante el ataque de millones y millones de dosis durante tantos años.
   Su respuesta se organizó en torno a varias estrategias diferentes.
Efectos adversos
    Prácticamente todos los antibióticos pueden inducir efectos adversos, que oscilan de ligeros a severos. Entre los efectos secundarios más graves destaca la reacción anafiláctica a la penicilina, presente en una de cada 200,000 inyecciones de este antibiótico y que surge inmediatamente después de la administración.
   Pero las reacciones alérgicas pueden aparecer ante cualquiera de los antimicrobianos anteriormente descritos y se pueden manifestar en la piel (en forma de urticaria), en los bronquios (como asma) y en el intestino (en forma de diarrea, colitis o bien colitis pseudomembranosa, variedad muy grave).
   La nefrotoxicidad (alteración renal), la ototoxicidad (alteración auditiva) o la neurotoxicidad son relativamente frecuentes tras la utilización de estos remedios.
   Entre otros efectos adversos de tipo leve, cabe señalar ciertos trastornos digestivos, alérgicos y de fotosensibilización derivados de la administración de tetraciclinas, griseoftilvina y antisépticos urinarios.
Infección endógena
   Diversos trabajos experimentales han demostrado un desplazamiento de bacterias desde el tubo digestivo hacia el aparato circulatorio, fenómeno favorecido por la alteración de la capacidad inmunitaria de la flora intestinal que se da en personas sanas y en ciertos estados patológicos.
   Cuando la presencia de ciertos gérmenes, como las pseudomonas, E.coli o estafilococos sobrepasa los 10(8)/gr en las heces, algo habitual tras el tratamiento con antibióticos durante un periodo de entre
5 y 28 días, se altera el equilibrio de la microflora y las bacterias se extienden más allá de sus fronteras. Este proceso provoca la aparición de la enfermedad infecciosa grave nosocomial o hace que se complique una infección inicialmente benigna.

 

domingo, 20 de agosto de 2017

Crisis de Ansiedad: Cuabdo se pierde el control, 2ª y última parte


Un caso real
   Ana es una estudiante universitaria que acude cada semana a sus clases. Es su último año de carrera y vive en un piso alquilado.
   No tiene muy claro su futuro, por la gran cantidad de licenciados que hay sin trabajo, un hecho que no le pasa desapercibido. Durante el último mes de clases, Ana asiste a la asignatura que le queda para terminar sus estudios. Uno de esos días, se levanta tarde, se ducha con tiempo, toma un desayuno abundante y se dirige a la Facultad. Aparentemente, todo va bien. Pero no es así.
   Tras más de una hora de clase, Ana sale sola de la Facultad y se dispone a coger el autobús que la lleve de vuelta a casa. No domina demasiado bien ni el entramado de líneas y recorridos, ni la frecuencia con la que pasan los autobuses. La primera sensación que se apodera de Ana es de perplejidad: -¿En qué autobús vine? ¿Dónde estará la parada que me permita coger el autobús en dirección contraria?, se pregunta. Algo aparentemente simple y trivial se convierte en un rápido desencadenante del proceso. De repente, Ana se siente
incapaz de tomar una decisión y en apenas décimas de segundo le invaden todo tipo de dudas, mientras el bloqueo mental se instala a gran velocidad y el aire empieza a escasear preocupantemente en sus pulmones.
   Entonces, Ana percibe que algo marcha mal, pero se siente incapaz de pensar de forma tranquila y razonable. Por primera vez en su vida, siente que está fuera de sí -sin aparente motivo- y es incapaz de solicitar ayuda para salir de tan horrible situación. Finalmente, cuando la sensación la invade por completo, y pierde toda capacidad para actuar o decidir en una dirección lógica, el corazón empieza a hacer movimientos desacompasados, su respiración se entrecorta y la sensación de asfixia es cada vez mayor: siente la asfixia física y psíquicamente, una sensación de estar volviéndose loca por momentos, miedo a que los demás la vean en tan delicado estado.  Siente que va a desmayarse, que los pies no le bastan ya para sostenerse, una gran opresión en el pecho y que la vida se le va a escapar, al tiempo que el sudor parece empapar sus ropas. Finalmente, coge el primer autobús que llega, baja en la primera parada que reconoce y, tras unos minutos de angustia que le parecen eternos, toma un segundo autobús que le acerca hasta su casa, a pocos metros de la cual se toma un refresco, justo cuando empiezan a remitir los síntomas.
   Han pasado poco más de veinte minutos, pero la experiencia ha sido tan intensa como si se hubiese acumulado la angustia de muchos meses juntos. El ataque de pánico se ha presentado con toda su virulencia. A los pocos días, Ana comienza una terapia con un psicólogo. En el proceso, la joven universitaria “reinterpreta’ los síntomas vividos a partir de la información que le comunica el especialista, que no va a volverse loca si se repite la situación, y que tampoco va a sufrir una parada cardio-respiratoria ni se va a asfixiar. Además, Ana descubre que, en el fondo, el final de sus estudios universitarios significa una vivencia completamente nueva para ella, tiene que aceptar que va a ser la protagonista de su propia vida y de sus decisiones. Esto último implica, además, la obligación de asumir iniciativas de gran importancia en su desarrollo personal y profesional, como plantearse la formación de una familia o trasladarse a otro lugar para ejercer su profesión.
   Todo eso estaba, por lo que descubrió, en el agitado fondo que -tal vez por sí solo- le produjo el ataque de pánico aparentemente irracional e inmotivado, y que finalmente supo ‘rentabilizar” para sí a través del trabajo terapéutico.
Las terapias humanitarias

   Las crisis de ansiedad pueden tener su raíz en experiencias habidas en los años infantiles en los que -normalmente la madre-, en lugar de promover la autonomía del niño o de la niña, la frustraba a través de la sobreprotección o de otras formas de maltrato, como la negación de sus capacidades:
“iDéjao, que tú no vas a saber!”.
   Por esta razón, las psicoterapias humanistas centran su trabajo en reconstruir la deficitaria personalidad inicial, transformándola en una personalidad nueva y capaz de funcionar sin necesidad de mantenerse controlada por condiciones (como un horario fijo o la seguridad que aportan otras personas). Como en cualquier proceso de desarrollo personal, la clave gira en torno a la toma de conciencia de las limitaciones innecesarias que para cualquier persona suponen (y especialmente para las que sufren crisis de angustia) la dependencia excesiva, la inseguridad y la incapacidad de asumir las propias responsabilidades.
   Las terapias humanistas buscan, pues, ayudar a la persona con dificultades a obtener una serie de recursos personales que le permitan llevar una vida normal, y en la que resolver situaciones cotidianas sea una experiencia puramente normal y no una fuente de malestar psicológico. Estas son algunas de ellas:
1.- Terapia gestalt
   En ella se puede partir de las emociones relacionadas con los propios ataques de pánico, comenzando la terapia por la expresión de los miedos que la mera anticipación de esas experiencias hace aflorar en el aquí y ahora de la sesión terapéutica. Esto se facilita, por ejemplo, induciendo una relajación corporal y psíquica en la persona, que -gradualmente- ve como es más fácil tomar consciencia sobre el proceso total que puede culminar en las crisis de angustia. La premisa básica de tratamiento de este enfoque humanista es que todo el poder de cambio está presente en cada momento.
Una de las técnicas que pueden ser usadas es la conocida como “fantasía dirigida”, que consiste en realizar un viaje imaginario en estado de relajación-reposo al “destino” fantaseado del miedo de la persona a sufrir nuevas crisis de angustia o ataques de pánico. A menudo se descubren así los miedos encubiertos por los síntomas o el trastorno, tomando luego conciencia y elaborándolos hasta integrarlos o disolverlos.
2.- Terapia psicoanalítica
  
A través de la técnica conocida como “asociación libre” (que hace el paciente) y por medio de la interpretación del analista, llevar hasta la conciencia los conflictos inconscientes relacionados con los síntomas que se presentan. También se realiza el “análisis de la transferencia”: la persona dice todo lo que le agrada o desagrada del analista y que, a menudo, se refiere a características de personas significativas del primero con las que entró en conflicto de algún modo y que no resolvió satisfactoriamente en su momento.
3.- Terapia
cognitiva
   
Este tipo de intervención psicológica parte de la premisa de que toda crisis de angustia se debe a una interpretación anómala y catastrofista de lugares, situaciones o sensaciones corporales normales asociadas a la ansiedad. De este
modo, la psicoterapia cognitiva pretende que la persona sustituya estas interpretaciones erróneas por otras más adaptadas a la realidad, deshaciendo la relación automática de las sensaciones corporales con esos pensamientos catastrofistas. Durante las sesiones terapéuticas, el psicólogo facilita el análisis pormenorizado de los pensamientos que aparecen en las situaciones en que se da el trastorno, para buscar luego su reestructuración o reordenación, que se consigue clarificando la inadecuación o desproporción de los pensamientos que acompaña
n a las sensaciones previas al ataque o crisis.
   Esta terapia parece más efectiva que los tratamientos tradicionales, que partían de una consideración meramente biológica de los ataques de pánico, por lo que el tratamiento se limitaba al uso de psicofármacos (benzodiazepinas, antidepresivos, tranquilizantes...).
4.- Otras psicoterapias
  
Aunque la psicoterapia de apoyo no es la más eficaz, sí resulta ser la más empleada por su menor coste, especialmente en los puntos de atención pública, donde los presupuestos determinan el tipo de tratamiento. En otros países se conoce como “Counselling” (asistencia psicológica puntual referida a hechos presentes), si bien en España no deja de ser un tipo de intervención psicoterapéutica que resume aspectos de las principales. De hecho, el psicólogo o el psiquiatra que interviene realiza una acción amplia, que incluye la provisión de determinadas habilidades sociales, la emisión de opiniones o sugerencias de carácter práctico, familiar o incluso profesional, etc., intentando evitar que se establezca un vínculo de naturaleza dependiente entre él y la persona que sufre la crisis, al tiempo que se provee de una medicación complementaria para facilitar el trabajo terapéutico.
La opinión de….                                                                                                                                  Josep Lluís Berdonces                                                                                                                                 Dr. en medicina naturista
   Las crisis de ansiedad son frecuentes en situaciones de estrés y en personas nerviosas. Buena parte de los síntomas se dan en el sistema nervioso vegetativo (palpitaciones, dolores de cabeza, ahogos, indigestiones o molestias abdominales, etc.), aunque sin duda los más frecuentes son la sensación de ahogo u opresión en la zona del tórax, que se puede presentar a cualquier hora del día o de la noche, y que hace pensar en la posibilidad de un infarto o una problemática de riesgo vital.
   En personas muy ansiosas en las que las crisis se dan habitualmente, es de gran utilidad el tratamiento con fármacos de la familia de las benzodiacepinas (con una acción reductora de la ansiedad). Sin embargo, estas crisis no deben tratarse indefinidamente, sino en las épocas en las que se dan con mayor asiduidad, en etapas de crisis agudas y en el período inmediato posterior a ellas. Posteriormente se deberá proceder a una deshabituación a estos fármacos y utilizar métodos menos agresivos, para evitar que la persona esté “condenada” a una terapia ansiolítica de por vida.
Valorar las crisis
   Lo primero que hay que hacer ante una crisis de ansiedad es desdramatizar la situación, ya que este trastorno, aunque molesto, no comporta un riesgo importante para la salud. Así, se reducirá considerablemente la angustia derivada del riesgo de una posible muerte u hospitalización, y con ello la espiral que se produce entre síntomas y alarma. En este campo es muy importante la labor de las personas próximas al enfermo, que deben estar tranquilas y mantener la cabeza fría.
Relajación
   Las terapias de relajación (métodos como la relajación autógena de Schultz o el yoga) son muy útiles en la prevención de estas crisis, aunque de entrada pueda costar adaptarse a ellas.
Fitoterapia
   Hay que escoger plantas medicinales con un mayor efecto sedante y relajante muscular. Puede ser útil el kava-kava (Fiper methysiicum), del cual se pueden tomar tres cápsulas cada cinco o seis horas, la Amapola de California (Eschsolízia californica), que además de ser sedante tiene una acción relajante muscular; o el Loto de Montana (Lotuscornailatus)
Estrategias para prevenir las crisis o ataques
   Aunque lo único que realmente puede paliar o curar el trastorno es el seguimiento de una terapia psicológica adecuada, siempre es posible realizar una serie de ejercicios mentales básicos que dificulten la aparición de los episodios de crisis de los que hablamos:
* Por ejemplo, cabe empezar por relajarnos antes de salir a la calle a realizar cualquier actividad, por irrelevante que sea.
* También puede ser útil planificar claramente todo lo que tenemos previsto hacer hasta volver de nuevo a casa (o al lugar de partida), evitando así la posibilidad de que aparezca la angustia asociada a la falta de un plan claro.                              
* Podemos decirnos a nosotros mismos -ya sea mentalmente o en voz alta- que cuando salgamos a la calle mantendremos en todo momento una mínima calma y seremos capaces de realizar las modificaciones necesarias de nuestros planes iniciales. Debemos tener claro y creer que, en el supuesto caso de que nos pasara algo, tendríamos los recursos necesarios para afrontar la situación.
   No obstante, debemos recalcar que estas autoinstrucciones y ejercicios no pueden reemplazar la labor terapéutica del psicólogo o del analista, infinitamente más potente terapéuticamente y de mayor alcance y estabilidad en el tiempo, por lo que resulta más eficaz que las acciones propias sin soporte experto.

 

jueves, 17 de agosto de 2017

Crisis de Ansiedad: Cuando se pierde el control


Aproximadamente seis de cada diez personas sufren en algún momento de su vida los síntomas de este molesto trastorno, que se presenta sin avisar y produce una intensa desorganización mental y emocional.   Es mucho más frecuente en mujeres, y se tarda una media de seis a nueve años en diagnosticarlo, lo que dificulta su cura y el tratamiento.
   Los ataques de Pánico o crisis de Ansiedad se caracterizan por la aparición súbita, inesperada, temporal y aislada de un miedo o malestar intenso, que suele manifestarse acompañado de al menos cuatro de los siguientes síntomas, que comienzan bruscamente y alcanzan su punto álgido en menos de diez minutos.
* Palpitaciones, taquicardia o sensación de sacudidas del corazón
* Sudoración repentina
* Temblor o agitación
* Sensación de atragantarse
* Malestar toráxico u opresión
* Molestias abdominales o náuseas
* Sensación de mareo, inestabilidad o pérdida de consciencia (desmayo)
* Miedo a volverse loco o también a perder el control de uno mismo
* Miedo a perder la vida
* Entumecimiento u hormigueo (parestesias)
* Escalofríos o sofoco
* Desrealización (sensación de extrañeza ante la realidad circundante cotidiana) o despersonalización (sensación de extrañeza ante uno mismo, de no reconocerse)
Cómo reconocer un ataque de pánico
   Además de los síntomas secundarios mencionados, muy diversos en cada caso, lo que nos permite reconocer inequívocamente la existencia de un ataque de pánico es la aparición repentina y a menudo aparentemente inmotivada de un estado de súbita alteración mental y corporal parecido al que se experimenta tras sufrir un gran susto o tras sentirse amenazado gravemente, con la particularidad de que la situación es inofensiva en comparación con la respuesta orgánica y mental de la persona que sufre la crisis de angustia o ataque de pánico.   Esta alteración alcanza su máxima intensidad en un período de tiempo no superior a los diez minutos, y se acompaña de una percepción acusada de sensación de peligro y/o muerte inminente, además de la necesidad irrefrenable de escape y de petición de ayuda.
   De todos los síntomas posibles que acompañan a la aparición de la crisis o el ataque, merecen ser destacados los siguientes por su mayor frecuencia:
* Respiratorios: Dificultad de respirar o ahogo asociado a una necesidad imperiosa de aire -éste parece faltar por momentos- y respiración entrecortada que incrementa el temor del paciente a sufrir una parada respiratoria.
* Cardiovasculares: La aceleración del ritmo cardíaco (taquicardia) y las palpitaciones pueden colaborar
- sumadas a las mencionadas sensaciones de ahogo- al temor a una parada cardiorrespiratoria, junto con otras sensaciones de calor, sofocos y enrojecimiento facial, de entre los síntomas neuromusculares, destacan el temblor de manos y pies y dolores agudos diversos.
* Urinarios: Ganas repentinas de orinar
* Digestivos: Sequedad de boca y la contractura estomacal.
* Sensitivo-sensoriales: Aparece un gran nerviosismo, seguido por una sensación de inestabilidad, de vértigo,
mareo, náuseas y un aumento de la sudoración.
* Cognitivos: Se piensa en la proximidad de la propia muerte y en la pérdida de control de uno mismo. A estos pensamientos le sigue la creencia de que uno va a perder la conciencia (desmayarse) y volverse loco.
Condiciones de aparición
   Existen tres tipos principales de crisis de angustia:
1.- Inesperadas se dan sin estar relacionadas con claves o estímulos del entorno.
2.- Las situacionales son activadas por estímulos del entorno imaginados o presentes, y suelen aparecer en el contexto de las fobias sociales y específicas.
3.- Las parcialmente asociadas a una situación determinada, ocasionalmente, se pueden dar sin la presencia o imaginación de esa situación temida.
Nunca vienen solas
    Las crisis de Ansiedad o ataques de Pánico no suelen presentarse de manera aislada, sino con otros trastornos de Ansiedad. Además, la persona que los sufre experimenta una intensa sensación de estar amenazada por un peligro inconcreto, de hallarse cercana a la muerte y de necesitar huir o escapar urgentemente.
   A medida que se repiten estas crisis de pánico, el miedo tiende a disminuir, aunque también puede evolucionar hasta convertirse en un trastorno.
Malas “compañías”
   Antes de considerar la complejidad del problema ocasionado por el trastorno de pánico, veamos brevemente qué otros fenómenos psicopatológicos sufren las personas con este tipo de patologías:                                        
 * La sensación de falta de aire, muy característica de los ataques de pánico, se da a menudo cuando estas crisis aparecen en el contexto de un trastorno de ansiedad con o sin agorafobia (ansiedad en situaciones de las que es difícil escapar o encontrar ayuda).
* El Rubor aparece a menudo cuando las crisis de pánico están asociadas a un lugar o situación concreto. El factor desencadenante es la propia ansiedad, generada por la exposición en público.
* Los trastornos de angustia/ansiedad son crisis de angustia recurrentes e inesperadas, que se da con la preocupación persistente a padecer nuevas crisis y también sus posibles consecuencias, o a sufrir un cambio personal importante.
* La Fobia social es un miedo intenso, irracional y persistente a los contactos sociales, que provoca actitudes de evitación o huida.
* La Fobia
específica aparece como un miedo irracional, intenso y persistente a objetos y/o situaciones concretas. La presencia del llamado “objeto fóbico” o “situación fóbica” produce una gran ansiedad y un malestar que interfiere fuertemente en las actividades cotidianas de la persona, desarrollando fobias al lugar de trabajo, a otras personas.
)* El Temor, horror y/o desesperación intensos provocados por la exposición o vivencia de hechos reales estresantes y en extremo traumatizantes son algunos de los trastornos del estrés postraumático. Éstos persisten después de un mes de haber sufrido tales experiencias.
* El trastorno por estrés agudo produce ansiedad y otros síntomas -como embotamiento, ausencias, desrealización, despersonalización o amnesia- que surgen durante el mes posterior a la vivencia de experiencias extremadamente traumatizantes, como presenciar un asesinato, sufrir una violación, un secuestro, un accidente de tráfico grave...
Trastornos de angustia, simples ataques
   La complicación más característica de los ataques de pánico o crisis de ansiedad recibe el nombre de trastorno de angustia. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM—IV) se describe como aquél en el que se presentan “crisis de angustia recurrentes e inesperadas, seguidas de la aparición -durante un período mínimo de un mes- de preocupaciones persistentes por la posibilidad de padecer nuevas crisis de angustia y por sus implicaciones y consecuencias, o bien de un cambio comportamental significativo relacionado con estas crisis” (DSM—IV, 1995).
Acertar en la terapia
   Este tipo de trastorno se agrava con la aparición de nuevos temores, que acaban adquiriendo tintes fóbicos. De hecho, el tratamiento de los ataques de pánico requiere siempre un diagnóstico acertado, lo que exige la intervención de un psicólogo. Dado que el fondo de los trastornos que parten de un ataque de pánico no es meramente sintomático, las terapias conductuales resultan inútiles si no van acompañadas de trabajos más profundos, pues se limitan a eliminar un síntoma tras otro, sin realizar un trabajo psicológico sobre la personalidad.
A todos nos puede pasar
La posibilidad de sufrir uno o varios ataques de pánico no es exclusiva de personas con una patología definida según los síntomas expuestos. El rasgo más instintivo de quienes sufren este tipo de trastornos es la respuesta con mayor ansiedad ante muchas situaciones, ya que se interpretan las sensaciones de manera catastrofista. Esto lleva a tener una percepción de lo que se siente mucho más peligrosa de lo que en realidad es,
por ejemplo, la falta de aire puede ser interpretada como una señal ‘inequívoca” de una próxima parada respiratoria, con la consiguiente exacerbación de la propia ansiedad.

 

 

 

domingo, 13 de agosto de 2017

Anorexia: Más allá de la Comida


La Anorexia, que se incluye dentro de los desórdenes alimentarios, debe tratarse como un trastorno psicológico que empuja a las personas que la padecen a suprimir un constante y enorme deseo de comer por miedo a ganar peso.
   Las personas que padecen anorexia, palabra que significa literalmente pérdida nerviosa del apetito, están obsesionadas con el temor a que si no controlan su apetito, perderán definitivamente la batalla contra el impulso de saciarlo y ya no podrán dejar de comer nunca más. La obsesión por Adelgazar es en realidad secundaria al miedo de perder el control sobre el propio cuerpo.
  
El hecho de privarse de alimento se interioriza como un acto de superioridad y control sobre los impulsos del propio cuerpo. La consecuencia es una pérdida de peso progresiva, aunque quien padece el trastorno continúe pensando que tiene un problema de sobrepeso.
Tipos de anorexia
   La anorexia puede clasificarse en dos tipos, en función de la forma utilizada para perder peso.
* En el método restrictivo, la persona se somete a una severa restricción de alimento con la finalidad de adelgazar.
* En el método de la autopurgación, la persona ingiere una gran cantidad de alimento para saciar un impulso incontrolado de comer, y acto seguido y llevada por el sentimiento de culpabilidad, se provoca el vómito o toma laxantes y diuréticos para eliminar el alimento ingerido.
Criterios para el diagnóstico
1 Existe un rechazo a mantener un peso superior al mínimo saludable en relación a la edad y la altura.
2 La persona siente un gran miedo a ganar peso.
3 La percepción personal está distorsionada y no se advierte la pérdida de peso.
4 Se da una alteración de los ciclos menstruales, por ejemplo la desaparición de un mínimo de tres
menstruales consecutivos, que degenerar en amenorreas.
Causas que inducen a padecerla
   Tratándose de un trastorno psicológico, es difícil determinar las causas, ya que los que pueden inducir
a la Anorexia dependen de cada persona. De todas maneras, desde diferentes campos se han aventurado los orígenes de esta enfermedad.
   Aunque algunos expertos que han identificado algunas disfunciones en el hipotálamo (la pacte del cerebro que controla los procesos del metabolismo} se decantan por un trastorno de tipo orgánico, en general se achaca la enfermedad a causas de índole psicológica. Esta teoría parece obvia si se tiene en cuenta que nuestra
sociedad rinde un culto exagerado al cuerpo y en ella la apariencia física es la base de 1a mayoría de relaciones personales.
Efectos Psicológicos

   La anorexia tiene efectos psicológicos importantes y dañinos.
* En la mayoría de los casos se sufre de depresión y ansiedad. La persona se irrita fácilmente por cualquier motivo y se aísla de los demás, en gran medida debido al temor a que se descubra su verdadera personalidad.
* La fatiga es otro de los síntomas, y en general comporta una pérdida de concentración y de atención.
* Además de la obsesión por la comida se puede desarrollar un desorden obsesivo-compulsivo. Se controla el peso y las calorías que se ingieren de forma enfermiza, y existe un comportamiento compulsivo y desmesurado en relación a la práctica de ejercicio físico, Incluso puede iniciarse una adicción al alcohol las drogas o el juego.
* En general, las personas anoréxicas son exageradamente sumisas, ansiosas por complacer a los demás. Para ello se esfuerzan con desmesura para mostrarse perfectos en todos los sentidos.

Efectos Físicos
* El aparato circulatorio resulta afectado tanto por la pérdida de peso como por la inanición. Se pueden producir bradicardias (baja actividad del corazón), así como hipotensión (baja presión sanguínea) o arritmia (alteraciones en el ritmo cardíaco).
* La anemia es una enfermedad que se da a menudo en anoréxico y que pude derivar en problemas inmunitarios y en un mayor riesgo de infección.
* El aparato digestivo padece trastornos gastrointestinales, (dolor abdominal, estreñimiento permanente..), debido a la reducción de alimento y al uso de laxantes.                                                                                               
* La inducción al vómito se traduce, en muchos casos, en la erosión de la dentadura, incluso en la pérdida de alguna pieza dental, y en una infección de garganta, que puede llegar a sangrar.
* Además de la evidente pérdida de peso se dan otras señales físicas: La piel tiene una apariencia seca y deshidratada, con una tonalidad amarillenta. Las uñas se vuelven quebradizas y sin brillo. El pelo crece fino, quebradizo y con tendencia a caer y puede aparecer en lugares no habituales, como en la cara, o la espalda.
* El sistema endocrino también sufre alteraciones. Las más notables son las que afectan al ciclo menstrual, los cambios hormonales o el crecimiento de los huesos, mientras que la glándula tiroides, al ser “engañada”, reduce su actividad para preservar calorías.
Tratamiento
   La asistencia psicológica a la persona que sufre Anorexia, la terapia conductual y el apoyo de los familiares o amigos es imprescindible para asegurar un pronóstico favorable. Teniendo en cuenta que puede tardarse unos años a superar el problema, hay que considerar la posibilidad del ingreso en un centro hospitalario.
Un dato alarmante
   Según los expertos, la mitad de las adolescentes de entre 14 y 16 años han hecho alguna dieta y la mayoría está acomplejada con su peso
Campaña para prevenir la anorexia
 “Come bien para vivir mejor” es el lema de la campaña informativa que el Ministerio de Sanidad y Consumo lleva a cabo en los medios de comunicación, con el objetivo básico de dar a conocer la problemática situación acerca de los trastornos de la alimentación, y prevenir la Anorexia y la Bulimia entre los adolescentes,
   El principal mensaje de la campaña es que hay que comer para disfrutar de la vida y de todas aquellas cosas que interesan a los jóvenes (conciertos, fiestas, el deporte, la lectura...). La iniciativa partió de la Asociación Española de Agencias de Publicidad, con el fin de sensibilizar a la sociedad en general sobre este tipo de enfermedades, consideradas problemas de salud pública que en los últimos tiempos han merecido una atención creciente. Los expertos advierten de la complejidad del problema, en el que influyen pautas de comportamiento de origen social a las que los jóvenes son especialmente sensibles. Pese a no existir estudios epidemiológicos fiables que puedan dar datos sobre la incidencia de la Anorexia y la Bulimia, se considera que el porcentaje de afectados está en torno al 0,5% de los jóvenes de entre l4 y 24 años, con lo que España está en una situación similar a la de los países de su entorno.

sábado, 12 de agosto de 2017

Anorexia nerviosa, Bulimia ¿Delgadez o Desnutrición?, 3ª y última parte


La familia y el entorno
   Muchos psicólogos y científicos han estudiado el entorno familiar de las personas que padecen anorexia. Aunque es difícil establecer un patrón uniforme, hay una serie de circunstancias que se repiten. De todos modos, el modelo típico de familia no se puede aplicar a nivel general.
   En la mayoría de los casos, los familiares de personas anoréxicas son amables y expresan su amor, aunque de forma bastante superficial. Esta atmósfera “amorosa” enmascara una serie de circunstancias que se ocultan de forma consciente o inconsciente. Quizás el problema más importante es la excesiva intromisión de algunos miembros de la familia en los problemas de los demás, dando lugar a una dependencia importante, que crea una estructura mental de tipo infantil.
   Aparentemente los conflictos familiares no se resuelven, sino que tienden a esquivarse y a aplazarse, o simplemente se niega que éstos existan. El resultado es que estos problemas no quedan resueltos y son sustituidos por otros (banales para la mayoría de personas) que, a su vez, adquieren una mayor importancia. En el fondo, los problemas no dejan de existir, sino que son sustituidos por “sucedáneos” de problemas.
   Esto puede explicar el porqué la imagen física resulta tan importante para una persona anoréxica, cuando el problema fundamental reside en la
 imagen psicológica que uno tiene de sí mismo.
   Esta actitud de ocultar los problemas se traslada
desde la parte psíquica a la parte física, por lo que los
problemas vitales y trascendentales no existen. Así, la
preocupación se reduce a unos “kilos de más” que, en realidad, nunca se pierden al gusto porque el problema fundamental (que no es físico) no se resuelve sino que empeora conforme la persona va adelgazando.
Tratamiento
Aproximación psicológica:
  
Al menor indicio o sospecha de que una persona cercana padece anorexia, deberemos tomar algunas medidas caseras, pero si consideramos que la enfermedad está entrando en una fase mayor o si ya existe un diagnóstico confirmado, es necesario contar con la ayuda de un psiquiatra, médico y/o psicólogo, que son quienes podrán orientarnos sobre las pautas a seguir.
   En sus fases más agudas, la anorexia exige necesariamente el ingreso en un hospital, ya que la vida del enfermo puede correr peligro. De todos modos, estas fases críticas representan solamente cortos lapsos de tiempo, ya que el problema reside en el qué hacer cuando se vuelve a casa.
   La preparación psíquica de los familiares es muy importante, y no se descarta que alguno o varios de ellos reciban también apoyo psicoterapéutico, si se cree que una de las causas de la anorexia radica en la actitud del padre o la madre.
   En estos casos puede ser necesario cambiar el ambiente familiar por algún lugar donde, bajo control pero insistiendo en la independencia de la anoréxica, ésta se pueda encontrar a sí misma y empezar a valorarse como independiente.
   De todos modos, si bien las enfermedades pueden tener un mismo nombre, las personas son muy diferentes entre sí, y los consejos generales son, como indica su nombre, difíciles de individualizar.
   Además, suele suceder que la persona o personas más cercanas al anoréxico son los últimos que pueden ayudar, puesto que la persona afectada rechaza cualquier apoyo de los seres más queridos.
   Ante la actitud de la persona anoréxica, muy perfeccionista y estricta consigo misma, el tratamiento se habrá de adaptar a las circunstancias personales, por lo que deberán aprovecharse estos rasgos psicológicos a favor de la mejoría de la enfermedad. Por ello, recomiendo una serie de pautas de actuación:
1- Tener en cuenta que los alimentos son sagrados, porque formarán parte de nosotros mismos.
   Si la persona es religiosa, conviene que bendiga los alimentos y si no lo es (lo cual es más frecuente
entre los adolescentes), durante la comida se intentarán valorar positivamente las virtudes que éstos tienen.
2- Es importante escribir un diario, donde se apunten los alimentos ingeridos. Este diario lo ha de llevar la persona anoréxica, y la finalidad de los padres no será la de “fiscalizar” si ha comido o no, sino el hacer comprender a la persona anoréxica el porqué oculta en su diario algunas de las comidas que ha ingerido, o por ejemplo, el porqué apunta los alimentos que después ha vomitado.
3- Se ha de comer sentado en la mesa con la familia, compartiendo con los demás no sólo la comida, sino los acontecimientos del día.
4- El buen humor psicológico estimula el buen humor fisiológico. El buen humor en la mesa abre el apetito y desdramatiza el acto de comer para la persona anoréxica.
5- No es posible hacer ningún tratamiento psicológico sin la aceptación de la persona que lo ha de recibir. Por lo tanto, es importante hablar del tema, pero sin dramatizar excesivamente.
6- Las clases de nutrición no sirven de gran cosa, ya que sólo se oye lo que se quiere oír. De todos modos, nunca está de más que se haga entender que la nutrición es algo más que las calorías que tiene un alimento. Si no se come de todo, la salud se resiente.
7- El hacer comer demasiado a la persona que tiene anorexia tan sólo consigue estimular más el reflejo de la inducción del vómito y esto crea un trauma adicional. Las personas anoréxicas suelen ser obedientes y es posible que consigan que coman, aunque esto no soluciona el problema psicológico.
8- Si la persona anoréxica tiene pareja, debe hablar con ella del problema. En ocasiones, el amor es una herramienta más potente que todas las demás.
   Fuera de las fases agudas, la anorexia y la bulimia responden bien a un programa en el que se incluye la educación dietética, la exclusión del medio ambiente habitual, la hidroterapia y terapias físicas, el ejercicio, el reposo y el apoyo psicológico y médico. La finalidad del programa ha de ser el educar en salud y desterrar los mitos patológicos que se tienen para justificar una actitud negativa y autodestructiva tan difícil de tratar a domicilio o en consulta ambulatoria. En todos los casos, el tratamiento debe estar bajo el control de un grupo de psicólogos y médicos especializados.
   Uno de los principales inconvenientes de la desnutrición anoréxica es el gran desequilibrio entre electrolitos y oligoelementos que se produce en el organismo, por lo que siempre se recomienda tomar alimentos fáciles de ingerir, que no reduzcan excesivamente el apetito, y también que la persona que los toma tenga conciencia de que no son excesivamente calóricos. Entre ellos tenemos los jugos de frutas y de verduras y los caldos ligeros, todos ellos recién elaborados para que tengan una máxima vitalidad.
   Cuando la persona acepta el comer un poco más, introduciremos alimentos más energéticos como cereales, germen de trigo, alguna legumbre, pan integral, soja y aguacates. Los aceites ingeridos deberán ser de primera presión en frío (oliva, girasol o sésamo, por este orden), ya que otro de los problemas de la persona anoréxica es el desequilibrio hormonal (especialmente de las hormonas sexuales). En las fases de menor actividad anoréxica, recomendaremos además la toma de frutos secos. Todos estos alimentos se habrán de combinar armónicamente para conseguir una dieta correcta, variada y con las cantidades suficientes.
   También se deben tener en cuenta las “manías alimentarias” de la persona anoréxica, para evitar un rechazo mayor a todo tipo de alimentos, aunque se debe plantear, con argumentos médicos y sanitarios, con amor y con paciencia, de que aquellas aseveraciones y manías son precisamente el engendro de su propia enfermedad.
Hibisco (Hibiscus sabdariffa)
  
Las flores del hibisco también tienen una acción similar a la anterior, y dan un bello color a la infusión, recordemos que la belleza del color y el sabor de la infusión también es importante en personas que usualmente tienen manías alimentarias.                                                                                                                                                               Espino amarillo (Hipoppae rhamnoides)
  
Esta planta centroeuropea es la más rica en vitamina C de las que se conocen. Se puede tomar en forma de infusión, pero en el mercado existen diversos productos a base de su jugo, que es muy poco calórico. En estos casos, se tomarán unas dos cucharadas soperas al día y, si se desea, se podrán acompañar, por ejemplo, de un yogur natural.
Verdolaga (Portulaca oleracea)
  
Se denomina también vinagrera en razón a su gusto y es preferible tomarla en ensaladas. Las infusiones o tisanas se harán en infusión breve, de dos a tres minutos, para que conserve la mayor parte de la vitamina C que contiene.
Hipérico (Hypericum perforatum)
  
La acción del hipérico o hierba de San Juan es de tipo antidepresivo. Para conservar su efecto, debería tomarse en dosis relativamente elevadas, a razón de dos o tres cucharaditas por taza y tomando dos o tres tazas al día. También es posible tomarlo en forma de aceite (de dos a cuatro perlas diarias) o en forma de cápsulas o comprimidos del polvo o extracto seco de la planta, con igual dosificación.
Berro (Nasturtiuni officinale)
  
El berro i el equivalente a la verdolaga en su utilidad y propiedades. Tiene algo más de azufre que la anterior y puede tomarse en las ensaladas, a las cuales confiere su característico sabor. Aliñado con un poco de aceite, es un excelente complemento para la ensalada.
Fonogreco (Trigonella foenum graecum)
  
De esta planta se consume la harina de sus semillas, utilizada desde tiempos inmemoriales como estimulante del metabolismo. Se puede tomar la harina, en pequeñas cantidades (dos o tres cucharaditas diarias), o en forma de cápsulas si la persona no tolera su peculiar sabor.
Cebollino
  
El cebollino es una especia o condimento muy utilizado en cocina. Puede utilizarse en múltiples platos de verduras, hortalizas, caldos, etc.. Las hojas finamente picadas con un poco de mantequilla, aceite o nata, dan lugar a una salsa exquisita, propia de los más selectos paladares. Además, se puede hacer una infusión con dos cucharadas soperas de cebollino finamente picado en una taza de agua hirviendo y dejando reposar el contenido unos diez a doce minutos. Se puede añadir un poquito de aceite y una pizca de sal, y si se desea, un poco de pimienta blanca. Este “caldo” o infusión es un excelente remedio porque tiene muy pocas calorías, por lo que la persona anoréxica lo ingiere, segura de que no interferirá con las dietas de adelgazamiento que permanentemente realiza. El secreto está en que, en realidad, el cebollino también estimula algo el apetito, ayudando a aliviar el problema.
Oligoelementos
   Algunos oligoelementos son de utilidad para tratar la anorexia:
CU-AU-Ag (Cobre-oro-Plata)
  
Esta asociación tiene una función tónica general y estimulante del apetito. Su función principal, sin embargo, reside en el control del proceso depresivo. Se tomará a razón de dos o tres dosis diarias disueltas en un poco de agua.
Li (Litio)
   Utilizado como tratamiento antifatiga y antidepresivo y a dosis pequeñas, el litio es otro de los remedios que pueden ayudar a complementar el tratamiento psicoterapéutico.
Cu (Cobre)
  
El cobre tiene una función estimulante inmunitaria y preventiva de los procesos infecciosos. Se utiliza también de forma esporádica como complemento, puesto que al estimular la inmunidad, se da una compleja acción que se traduce en la mejoría de la salud psíquica y en un optimismo acrecentado.
                                                           Dos casos reales
Mercedes L., 17 años.
  
Estudiante, hija de familia muy rica, nunca le ha faltado nada. Ha sido educada en los mejores colegios de la ciudad, acude a clases suplementarias de música y arte dramático. Quiere ser modelo o actriz, pero tiene las caderas anchas como su madre y sus hermanas. Ha adelgazado hasta límites extremos y ha llegado a pesar 35 kilos. La ingresaron en el hospital por una hemorragia causada por la ingestión de laxantes.
   Su madre es tremendamente dominante y la riñe constantemente por su actitud, aunque no quiere comprender que su hija tiene un problema que necesita de su participación, porque en realidad está demasiado ocupada con otras cosas.
Mercedes dice: Las emociones me controlan.., me obligan a esconderme en un lugar seguro. Mi mente está distante de lo que mi corazón siente. Las únicas palabras que conozco son las de destrucción, por eso prefiero permanecer callada. No puedo acercarme ellos; si lo hiciera me enredaría en mí misma y me derrumbaría. Tal vez tenga un corazón de piedra pero realmente sólo es de tiza, y me produce un profundo miedo la posibilidad de convertirme fácilmente en polvo.
Rebeca L., 12 años.
  
Es hija única, su familia no es de clase alta, pero sus padres la han cuidado y ha recibido todos los mimos de su tía y tío, ambos solteros. Nunca le ha faltado nada. Si quería, comer lo hacía, pero si no, en la familia había una gran preocupación. El abuelo confesaba que se ponía a bailar y hacer el tonto mientras la niña comía para distraerla. A cambio de comer, le regalaban cualquier cosa, y Rebeca aprendió bien su oficio. En su habitación hay más de ochenta muñecas y muchos juguetes. La colección de disfraces de carnaval de los últimos diez años está en su armario, pero evidentemente no los utiliza. Hace un año que dejó de comer, los bailes del abuelo ya no le interesaban, y descubrió que si comía poco, al volver a comer recibía más regalos. De todos modos, ahora está extremadamente delgada y triste.
Rebeca asegura: El reflejo me observa desde atrás, no es el mismo que tu ves, mi culpa acelera el ansia de destruir mi constancia.