martes, 18 de julio de 2017

Afecciones respiratorias, 1ª parte


Las Rinitis, faringitis o Amigdalitis son algunas de las afecciones respiratorias que se dan con más frecuencia en nuestro entorno durante esta época del año.                                 Entre las terapias naturales indicadas para su tratamiento destacan la Homeopatía, la Fitoterapia, los suplementos dietéticos, la combinación de oligoelementos o una correcta alimentación
   Por su situación a la entrada del aparato respiratorio, la nariz cumple un gran número de funciones: filtra las partículas, recalienta y humidifica el aire que entra a los pulmones, defiende al organismo de sus agresores (virus y bacterias), alberga el sentido del olfato, ayuda al organismo a adaptarse a las variaciones del entorno, etc.
   En contacto directo y permanente con el exterior, la nariz puede convertirse en una puerta de entrada para las infecciones agudas y crónicas.
   Las rinitis, faringitis, amigdalitis o los resfriados son algunas de estas enfermedades de tipo infeccioso que se desarrollan especialmente durante los meses de invierno.
La nariz y sus funciones
   La nariz es un órgano que se incluye en la parte superior del aparato respiratorio, y uno de sus signos característicos es que posee funciones múltiples, como entrada de este aparato:
• Es un filtro. La mucosa subyacente filtra las partículas grandes (polvo, polen, etc).
• Es un radiador. Permite recalentar y humidificar el aire que entra en los pulmones.
• Actúa como defensora del organismo. Las inmunoglubinas presentes en ella tienen una función inmunitaria esencial.
• Alberga el sentido del olfato (función olfativa).
• Las cavidades sinusianas almacenan el aire para calentarlo (esto permite, por ejemplo, no tener frío en los ojos).
• Tiene un papel de adaptación permanente del organismo a su entorno (cambios de temperatura, humedad, frío, etc.).
   Además de estas características, la mucosa nasal tiene una superficie de 150 cm2. Se compone, entre otras, de células ciliadas, una especie de tapiz rodante que sirve para arrastrar la mucosidad hacia la garganta y las células mucosas. Por otra parte, la vascularización de la nariz se hace mediante una fuente profunda, una fuente superficial arterial y venosa, y un tejido eréctil.
   La inervación de la nariz es completa y cuenta con dos sistemas en equilibrio: el sistema simpático asegura la vasoconstricción, mientras que el sistema parasimpático se centra en la vasodilatación. El desequilibrio de estos dos sistemas marca el inicio de una patología nasal.
   Las causas del atasco de los vasos son múltiples: alergias, infecciones, olores, enfriamientos, reglas, embarazos, estrés, etc. La vasodilatación entraña la sensación de congestión de la nariz, y posteriormente de la frente.
El sistema inmunitario de la nariz
   Este sistema utiliza varios medios, por ejemplo, las células ciliadas “barren” la mucosidad hacia la garganta. Asimismo, la mucosidad ya es en sí misma bacteriostática y antiviral.
   Entre los medios hormonales de la nariz se encuentran las Ig-A (inmunoglobulinas A) secretoras, que destruyen determinadas bacterias y virus. Las lgG (inmunoglobulinas G) de la sangre circulante son la “memonia inmunitaria” del organismo, es decir guardan el ‘recuerdo’ de las agresiones pasadas para defender mejor el cuerpo cuando se produce una nueva agresión.
   Entre los medios celulares, encontramos las células inmunitarias habituales (linfocitos, polinucleares, neutrófilos, macrófagos, etc.).
Las afecciones respiratorias
   En contacto directo y permanente con el exterior, la nariz puede convertirse en una puerta de entrada para las infecciones agudas y crónicas. Además, su relación con el cerebro, las órbitas o la boca hace que existan posibilidades de infección a distancia.
   Las afecciones del aparato respiratorio suelen presentar causas comunes, como la propia constitución de la persona (hábitos y modo de vida, predisposición hereditaria...), las infecciones (hongos, bacterias y virus), los fenómenos atmosféricos que disminuyen las defensas (frío, lluvia...), o una mala alimentación.
   Entre las principales afecciones que sufre la nariz como entrada del aparato respiratorio se encuentran las rinofaringitis, las rinitis crónicas (no alérgicas y alérgicas) o las amigdalitis. Estas son las patologías más comunes y sus principales características.
La rinofaringitis de repetición
   Esta afección representa casi el 50 % de los casos atendidos por los médicos generalistas y pediatras durante el período invernal y constituye la afección inflamatoria más frecuente en el caso de los niños de entre 6 meses y 7 años. La rinofaringitis de repetición tiene, en el 75% de los casos, una causa viral y las recidivas son frecuentes, con numerosas sobre infecciones, como la otitis, laringitis o bronquitis. En cualquier caso, esta patología representa un paso obligatorio para adquirir la inmunidad.
Síntomas
   Los síntomas más destacados son los estornudos; la secreción de color variable, anterior y posterior, asociada a una obstrucción nasal, y otros signos de carácter general como malestar, abatimiento, trastornos del apetito, fiebre y dolores, etc. Las complicaciones pueden sobrevenir conjuntamente o presentar más tarde. Por otra parte, el examen médico muestra una inflamación mucosa, una secreción bilateral y la presencia de ganglios.
Las rinitis crónicas no alérgicas
   Para conocer las causas de esta patología cabe recordar que la muco nasal posee tres niveles de defensa:
epitelio, el sistema inmunitario de a mucosa y otros medios no específicos (“barrido” de las mucosidades por las células ciladas). Toda alteración de estas estructuras y toda patología sobre la inmunidad en las mucosas se acompañan de reacciones inflamatorias no específicas y   termina en una inflamación crónica sostenida. Además cualquier perturbación de los mecanismos de regulación termina en una reacción inflamatoria autosostenida.
Síntomas
   Los síntomas de las rinitis crónicas no alérgicas son cinco y están asociados en grados variables: obstrucción nasal, prurito (quemazón), estornudos, rinoma y anosmia (pérdida de olfato
Rinitis crónicas alérgicas
   Las rinitis crónicas de origen alérgico son cada vez más frecuentes. Las razones de este aumento son múltiples, por ejemplo, la contaminación el polen, los medicamentos, la alimentación o el modo de vida.
   Así, se estima que, por ejemplo, cerca del 20 % de los individuos padecen algún tipo de alergia.
   Cuando la naturaleza alérgica esta claramente demostrada por los test habituales, conviene observar la periodicidad, las recidivas o la permanencia de estos problemas con el fin de determinar cuál es el terreno particular.
   Tratar las rinitis crónicas alérgicas pasa por un tratamiento sintomático, pero también por evitar las causas (cuando ello es posible) y sobre todo por un tratamiento del terreno.
   Para saber cuál es el origen y la evolución de esta patología cabe conocer distintos datos sobre la persona, como por ejemplo en qué condiciones aparece la rinitis, cuáles son las condiciones de agravación o mejoría, y las posibles causas de la enfermedad.
Síntomas
   Los estornudos, la secreción nasal, el picor en los ojos, o la mucosidad son algunos de los indicadores de esta patología.
Amigdalitis o anginas
   Son los procesos inflamatorios de las amígdalas, dos pequeñas masas carnosas colocadas en la faringe (parte posterior de la boca). Las causas de esta inflamación son de naturaleza infecciosa, y se deben al desarrollo de microbios patógenos que se implantan en el tejido amigdalar, provocando su inflamación. El enfriamiento de la zona es un factor que favorece su aparición, puesto que facilita la infección, al perturbar la circulación sanguínea de la zona.
Síntomas
   Aunque existen distintos tipos de anginas o amigdalitis más o menos leves, los síntomas principales son el enrojecimiento de la mucosa de la faringe y la hinchazón de las amígdalas (una de ellas o ambas).    
También se da fiebre alta, dificultad para tragar e inflamación de los ganglios linfáticos del cuello.
Asma bronquial
   Ésta es una enfermedad muy común que se caracteriza por ataques, más o menos frecuentes, de intensa disnea (dificultad respiratoria), provocados por espasmos en las paredes bronquiales. Éstos se dan en personas predispuestas o en estados alérgicos, en especial cuando se entra en contacto con la sustancia alérgica o como respuesta a estímulos que provocan irritación.
   Entre los factores que dan lugar al asma bronquial podemos distinguir aquellas sustancias (alérgenos) que hacen que, el organismo forme anticuerpos para actuar contra las mismas. Éstas suelen introducirse por vía inhalatoria y algunos ejemplos son el polen, el pelo de determinados animales, algunos alimentos como los huevos o distintos polvos. Cuando estos elementos se introducen en el cuerpo, el organismo descarga los anticuerpos que ha formado y en este enfrentamiento se originan los ataques bronquiales.
   Una segunda causa es la que se da en aquellas personas que, debido a una transmisión hereditaria, están predispuestas a enfermar cuando entran en contacto con sustancias sensibilizadoras. Finalmente encontramos otros factores que favorecen o desencadenan un ataque de asma, como por ejemplo trastornos climáticos, digestivos, factores psíquicos, etc.
Síntomas
   Entre los síntomas del asma, son habituales las crisis que sobrevienen de forma brusca, especialmente durante las primeras horas de la noche. La sensación es de constricción angustiosa, la inspiración es incompleta y la espiración es difícil, fatigosa, convulsiva y prolongada. En ocasiones se dan unos ruidos respiratorios denominados sibilancias, que son una especie de “silbidos” producidos por el paso de aire por un canal estrecho (los bronquios). El fin del acceso suele presentarse con la expulsión de esputos blanquecinos que contienen moco.
Bronquitis
   Esta inflamación de los bronquios se da con mayor frecuencia en niños y personas de edad avanzada y aparece especialmente en las estaciones frías. Entre sus causas se observan infecciones de las vías respiratorias o factores alérgicos.
Síntomas
   Aunque los síntomas de esta enfermedad suelen ser al principio los de un resfriado común (estornudos, mucosidad, etc), posteriormente aparece la tos y el dolor en el centro del pecho, la falta de apetito, los dolores reumatoides, períodos de fiebre no muy elevada y un estado de debilidad general.

 

 

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